El centro de Granada es un punto equidistante del deseo de cada cual en el que, en general y salvo el largo río de bares y discotecas que forma el núcleo de la calle Pedro Antonio de Alarcón, el deseo tiene vocación de paseo primaveral, de recorrido sereno por calles y plazas en las que el paso del tiempo se ha hecho compatible con un desarrollo urbanístico a escala humana. Así se ofrece al caminante que puede elegir alternativas en las que algo tienen que ver la hora del día y la estación del año.
Saliendo desde plaza Bibarrambla o desde la de las Pasiegas, ambas en los aledaños de la catedral, la calle San Jerónimo nos conduce hasta la plaza de la Universidad. También se puede llegar a ella desde la de la Trinidad, caminando en dirección hacia el Jardín Botánico. Ya en la plaza, la facultad de Derecho y la iglesia de los Santos Justo y Pastor, forman el antiguo núcleo de intervención urbana de la compañía de Jesús en el siglo XVII. La calle de San Jerónimo, que continúa hasta el hospital de San Juan de Dios, se ennoblece con edificios de enclaustrados patios como los de San Bartolomé y Santiago, el Conservatorio o el colegio de Notarios, y va dejando a su izquierda el antiguo barrio de la Duquesa, al que dio nombre la muy digna esposa del Gran Capitán que allí vivió mientras veía crecer el monasterio de San Jerónimo que mandó construir como humilde sepultura para su marido y que, como otros edificios de la ciudad, aúna partes góticas con otras del renacimiento. Sus claustros y su capilla merecen una visita detenida.
Del conjunto que forman el hospital y la iglesia de San Juan de Dios, casi colindantes con el compás de San Jerónimo, lo más interesante son los patios del hospital y, sobre todo, la escalera que conduce a la planta superior y que separa los dos patios. Aunque hay que tener en cuenta que en la actualidad sigue desarrollando funciones asistenciales y el acceso al público está limitado.
Para finalizar este paseo hay que subir por la misma calle de San Juan de Dios y llegar hasta los jardines del Triunfo desde donde ya se ve, en sus espaldas, uno de los edificios más importantes de la Granada de los Reyes Católicos: el hospital Real. Lo ordenaron construir los reyes, extramuros y muy cerca de la puerta de Elvira, para dar asistencia a los muchos heridos de la guerra de Granada. En la actualidad reúne la doble función de ser el rectorado de la Universidad de Granada y sede de su biblioteca central que se ubica en la planta superior. Desde aquí se inicia también el camino que lleva a la Cartuja.
Puede que el visitante se encuentre agotado de contemplar iglesias, claustros y fachadas góticas, manieristas o barrocas. Entonces el deseo se convierte en simple necesidad de mezclarse con la gente y es el momento de acercarse, desde las calles Alcaicería o Zacatín, o desde la Madraza, si es que aún estamos dando vueltas por los alrededores de la catedral, a la plaza de Isabel la Católica.
Desde allí el paseo se vuelve más suave y sólo hay que dejarse deslizar por la calle que antiguamente fue la ribera del Darro, hasta Puerta Real. En ese corto tramo, no hay que olvidar que la zona que queda a la izquierda, constituye parte del viejo barrio de San Matías y es ineludible acercarse al Corral del Carbón y a una pequeña plaza que queda junto a él y que adorna la fachada del palacio de Abrantes.
El nombre de Corral del Carbón puede llevarnos a engaño ya que en realidad este edificio no es ni ha sido nunca una corrala de vecinos como muchas otras que hay en ciudades españolas y en la misma Granada. En realidad es un fondac, como otros que en la actualidad existen en el mundo islámico y que en la fecha de su construcción tenía la doble función de dar hospedaje a la caravanas de mercancías que llegaban a la ciudad y, al mismo tiempo, controlar los productos para el pago de los impuestos que exigía el mercado.
Tras la visita, es posible que el visitante definitivamente no pueda más. La ocasión exige, con sólo algunos pasos, plantarse en Puerta Real, notablemente recuperada en estos tiempos, y quizás dejarse arrebatar por el afán consumista que tanto placer provoca a los visitantes, pues en su entorno se encuentran los mejores comercios de la ciudad normalmente ubicados en calles peatonales. Tampoco hay que olvidar, por supuesto, los bares y tabernas que llenan plaza Nueva, plaza de la Pescadería, plaza Bibarrambla, o la calle Navas junto al Ayuntamiento.
Si aún subsiste alguna resistencia a dejarse arrastrar hacia el consumo, quedan dos últimos paseos dentro de la ciudad. Para el primero sólo hay que bajar desde Puerta Real en dirección a la fuente de las Batallas y desde allí, por la carrera de la Virgen de las Angustias, llegar a los bulevares que recorren el río Genil por sus dos orillas. El Violón, el Salón y la Bomba, paseos de inspiración francesa que en su día fueron límite de la ciudad donde el Genil y el Darro se encuentran en su viaje hasta el Guadalquivir.
Para el otro, la dirección es la calle Recogidas que baja en suave pendiente hasta la vega y hacia el parque Federico García Lorca, nuevo entorno de la huerta de San Vicente, la casa que habitó el poeta en sus años granadinos y que, en la actualidad convertida en museo, recoge el esfuerzo de los que, con respeto, intentan recuperar su memoria para la ciudad.