Los oficios en Granada guardan tradición de siglos. Algunos de ellos, unidos a la ciudad y a su formal supervivencia, han permitido conservar elementos claves de su fisonomía como el empedrado de sus calles o sus jardines.
Otros, como la tradición de sus alfares, han ido evolucionando con el tiempo hasta ocupar un confuso espacio equidistante entre la artesanía y el arte. Desde la tradición de fajalauza hasta la innovación creativa de ceramistas actuales.
Los luthiers granadinos repartidos entre la cuesta de Gomérez y el barrio del Realejo se han convertido en poco menos que imprescindibles para los guitarristas del mundo entero que vienen a comprar sus preciados productos desde los más lejanos lugares del planeta. La mayoría de las guitarras que hoy oímos en cualquier concierto han sido fabricadas por artesanos granadinos. Por último, la más popular de las artesanías andaluzas, la taracea, de origen incierto pero muy vinculada al mundo islámico, cuya influencia no hizo sino perfeccionar este arte que ya nunca dejó de producirse en Granada. La colección de objetos que salen y han salido de las manos de estos artesanos es inacabable: arcones, mesas, cajas o bargueños, cuyo repertorio decorativo es un recorrido por la historia del arte. La práctica en el taller no sólo requiere una absoluta destreza en las incrustaciones en la madera, implica de igual forma, el diseño, la elección de los materiales (diversas maderas, nácar, huesos o marfiles) y, sobre todo, el perfecto acabado de la pieza.