Una de las posibilidades de acceso al barrio es a través de la puerta de Elvira, una de las más importantes de las muchas que tenía la ciudad.
Subiendo por la cuesta de la Alhacaba y siguiendo la línea de murallas de la alcazaba Cadima se llega hasta la plaza Larga, donde se encuentra el arco de las Pesas y se entra ya en un recorrido laberíntico en el que no está de más perderse, aunque sin olvidar algunos puntos de interés. Como el mirador de San Cristóbal junto a la iglesia del mismo nombre, con una magnífica vista de la vega, Sierra Nevada, la alcazaba Cadima y Dar–al–Horra. O la iglesia del Salvador que, como antigua mezquita mayor de la que fue medina, conserva aún el patio de abluciones. Un poco más arriba encontramos el Albaicín más íntimo, el que se encierra ensimismado y eterno: es la zona de la calle San Luis, Fajalauza, Cruz de Rauda, vereda de Pinchos... ya cerca del Sacromonte.
Tampoco es conveniente olvidar San Nicolás donde se evidencia una de las más sistemáticas operaciones de los Reyes Católicos: sustituir mezquitas por iglesias en la necesidad de cristianizar un tejido urbano ajeno y misterioso. Aunque en este caso, la plaza y sus conocidas vistas sobre la Alhambra no dejan tiempo para meditaciones históricas sobre la conquista.
Bajando del mirador hacia la plaza de San Miguel bajo nos encontramos con el Carmen–Museo de Max Moreau, oportunidad no sólo para descubrir el mundo privado y la fascinante personalidad de este artista “integral”sino también de adentrarnos en la visita de un carmen, vivienda típica del Albaicín.
El convento de Santa Isabel la Real, ya muy cerca de San Miguel, es uno de los secretos mejor guardados del Albaicín. Se accede a este convento de clarisas, que fundó la reina Isabel en los primeros años del mil quinientos, a través de un portalón que lo esconde de la vía pública. La decoración de la portada de la iglesia nos habla de la capilla Real y, en su interior, un altar llamativamente alto, obliga a levantar la mirada y contemplar la armadura mudéjar con decoraciones platerescas de la techumbre.
Ya en la plaza de San Miguel Bajo se encuentra la iglesia dedicada al santo y casi medianero con la iglesia, un pequeño callejón conduce a la casa palacio de Dar–al–Horra, arquitectura doméstica morisca que, al parecer, fue habitada por la madre de Boabdil .
En la misma plaza de San Miguel, el mirador de la Lona proporciona nuevas perspectivas: la Gran Vía, la estación de ferrocarril y, sobre todo, la sierra de Elvira en cuyas faldas se estableció la vieja ciudad. Ya en dirección a la calle San Juan de los Reyes se pasa por la iglesia de San José, mezquita que puede ser la más antigua de Granada. Cerca, la placeta de Carvajales ofrece espléndidas vistas, por su proximidad, de la Alhambra y su alcazaba. Desde aquí, es casi inevitable llegar por San Gregorio hasta la calle Calderería y descubrir allí, mientras se toma un té o se oye la llamada a la oración desde una mezquita cercana, que la historia es siempre caprichosa.
Atravesando el barrio podemos llegar en la cuesta del Chapiz a la Escuela de Estudios Árabes o casa del Chapiz, demostración evidente de que el siglo XVI no sólo supo asumir los elementos arquitectónicos del pasado reciente, sino que también supo articularlos con los nuevos bajo la idea de que la arquitectura entre otras cosas, es un elemento de disfrute para los sentidos de quienes la habitan.
Algo más abajo de la cuesta, junto al río Darro, encontramos el Archivo Municipal en el palacio de los Córdova y el paseo de los Tristes, bajo la colina de la Alhambra, que se llena, durante el día y hasta altas horas de la noche, de mesas y veladores donde se puede huir del calor de la ciudad en las noches de verano o buscar el sol del mediodía en el invierno.
Siguiendo el río en dirección a plaza Nueva por la Carrera del Darro, encontramos la iglesia de San Pedro y San Pablo, el convento de Santa Catalina de Zafra, fundado en 1520 y que conserva en su interior la casa morisca de Zafra del siglo XIV. Muy cerca el Bañuelo, quizá los baños árabes más antiguos que quedan en España. En la otra orilla del río, el puente del Cadí, que la imaginación nos permite recontruir sobre sus restos. Junto a ellos, la interesante fachada de la casa de Castril, hermoso palacio del XVI que, en la actualidad, es el museo Arqueológico de Granada.
También cercana, aunque en un pequeño callejón, se encuentra la casa de los Pisas, palacio del siglo XVI convertido en un museo dedicado a san Juan de Dios.
La iglesia de Santa Ana en plaza Nueva, posee una de las fachadas más hermosas de Granada, tanto en la distribución de sus cuerpos como en sus proporciones. Una verdadera obra maestra del mudéjar, iniciada en 1501 y terminada en 1563.
El edificio que da personalidad a plaza Nueva es, sin embargo, la Real Chancillería de Granada, único tribunal superior de Justicia en el reino junto al de Valladolid. Comenzó a construirse en 1531 y su fachada viene a ser un catálogo completo del repertorio decorativo clasicista.